¿Cómo es hoy el debate público en Cuba?

En los últimos años han aparecido en la escena cubana algunos espacios para el debate. Vale la pena acercarnos a las características que estos tienen para entender el porqué de su escasa influencia en la toma de decisiones y en la vida práctica del país.

Casi todos los espacios de debate se desarrollan en La Habana

descargaPor lo general, en provincias del interior y el Oriente cubanos no existen oportunidades para dialogar. De ahí que el inmovilismo mental es mucho más evidente en las personas. Existen frases, ideas, incluso consensos que usted escucha a diario en La Habana y que al expresarlos en alguna otra provincia causan estupor. La evolución ideológica es claramente asimétrica en Cuba. Esto marca el comportamiento no solo de la gente común sino el de los funcionarios del Estado, de las instituciones y de las autoridades represivas.

No se hace lo suficiente para socializar los debates

La mayoría de las instituciones, fundaciones y centros académicos que organizan talleres, conferencias y discusiones ni siquiera graban o reproducen en algún formato las intervenciones, los razonamientos y en especial, la polémica. De manera que esos debates mueren en el mismo espacio en que nacen, sin que el resto de los cubanos siquiera sospechen que sus vidas y sus problemas están siendo analizados.

Algunas excepciones a esta regla, sí se preocupan por publicar los contenidos de los encuentros, pero el escaso número de impresiones, tanto en papel como digitales, así como su precio, los convierten en un producto prohibitivo para la inmensa mayoría, que no va a dejar de comprar una librita de carne o seis de arroz para adquirir un DVD.

Los medios “públicos” son ajenos a los debates político-sociales

La televisión, la radio y la prensa cubana, que debieran ser por excelencia los espacios habituales para el debate, no cuentan con ningún programa de discusión política. En contraste, tienen alguno donde se discute sobre la pelota.

De ahí el alboroto que se forma en la gente cuando un personaje humorístico refleja alguna crítica o cuando “se filtra” alguna conferencia de Juan Triana (un economista que ya juega muy bien con la cadena y la gente da lo que sea para que acabe de tocar al mono).

descarga (1)La Mesa Redonda, programa televisivo que ha servido de inspiración a los mejores chistes por su insoportable parcialización, ahora intenta “polemizar” en algunos puntos no esenciales, pero ya no tiene público ni credibilidad.

La participación en los debates es mínima

La cantidad de personas con capacidad y oportunidad, tanto para generar contenidos como para asistir a los espacios y aportar desde el público, no es representativa del tamaño y la diversidad de nuestra sociedad.

A veces da la impresión de que solo se permite un número reducido de espacios que pueden ser controlados, monitoreados y a veces auspiciados por el propio aparato del Estado. En todo caso, es justo reconocer que, al menos en dos de los espacios más notables, los de la revistaTemas y Espacio Laical, se ha logrado que el público sea diverso y se escuchen desde los asistentes opiniones y propuestas distintas a las del Gobierno.

Como se dice por acá: “del lobo un pelo”. Pero a veces un pelo es importante.

Los paneles nunca son verdaderamente plurales

En un país donde existe una riqueza y diversidad palpable de pensamiento, constituye un verdadero anacronismo que, como regla, los panelistas en cualquier debate coinciden siempre en los puntos base de la discusión. Y en los detalles complementarios, piensan parecido. De hecho, es clásico que los expositores cierren filas y se conviertan en una suerte de “equipo”, que ante los cuestionamientos del público, se unen para apagar cualquier llamita que “caliente” el escenario.

Los expositores en cualquier debate, antes de opinar, primero tienen que “sacar licencia” Revista-Temas

Sacar licencia: consiste en una estrategia estandarizada, que les permite a los especialistas hacer determinadas críticas sin que estos sean “mal interpretados” por el aparato, que siempre los mira de reojo. Esto se logra usando los primeros minutos de cualquier intervención para acuñar que son de izquierda, antimperialistas, latinoamericanistas, martianos, y sobre todo que el objetivo del debate es aportar a la construcción del “modelo de sociedad que Cuba ha escogido”.

Dicho esto, entonces pueden despotricar un poco de economía, censura, falta de conectividad y lo que quieran… ya están autorizados.

Enredar la lengua, también funciona…

Otra técnica que muchos utilizan para sortear los escollos en los debates es hablar en el leguaje más rebuscado posible y haciendo continuas seguidillas de términos confusos y desconocidos para la mayoría del auditorio. Así, los problemas se convierten en silogismos espasmódicos antropológicamente yuxtapuestos a nuestra intrínseca realidad.

Nunca se invita a un disidente a formar parte de un panel

En los debates más importantes, es común escuchar disertaciones de encumbrados intelectuales sobre diversidad, tolerancia, respeto, participación… Pero estos mismos actores, a menudo con responsabilidades en la organización de los propios encuentros, nunca se atreven a romper el hielo y ser coherentes con sus propios discursos.

En Cuba existen profesionales altamente calificados en todas las ramas, abiertamente opuestos al Gobierno y con ideas serias sobre la construcción de una realidad distinta. El hecho de excluir a estas personas y a sus proyectos de los paneles de debate, demerita muchísimo la legitimidad de los mismos. En ocasiones, hasta se prefiere traer a alguien de cualquier parte en el extranjero, antes de invitar a los del patio.

Si el espacio de debate surge desde la oposición, hay patrulla para todo el mundo              logo-sats1

No importa la seriedad ni la calidad de los buenos intentos que se han hecho. Nadie puede negar que proyectos como Estado de Sats, la revista Voces, los muchachos de Omni Zona Franca y otros tantos, desde diferentes perspectivas se convirtieron en oasis donde la gente se reunía para debatir, presentar publicaciones, hacer cafés literarios, tardes de cine, conciertos, lecturas de poesía y una larga lista de actividades en las que participaban asiduamente personas de todas las tendencias y de varios territorios del país.

El auge que estos proyectos fueron alcanzando, provocó la reacción de la Seguridad del Estado, hasta el punto en que diseñaron una estrategia integral para desmantelarlos por completo. Detenciones, acoso, amenazas, golpes, actos de repudio y mucha difamación, fueron herramientas que a largo plazo terminaron desincentivando a los asistentes.

Y no es para menos. No es normal que alguien salga de su casa para asistir a la presentación de un libro y termine estrujado, lleno de moretones en un calabozo y pierda el trabajo del que comen sus hijos. Nada se dice sobre esto en los debates semioficiales que hoy se mantienen. A fin de cuentas… competencia eliminada.

El Gobierno jamás asiste a ningún debate

En buena parte del mundo, al contrario de lo que aquí se dice, son a menudo los ministros y hasta el presidente los que imparten conferencias y asisten a programas de televisión, foros y universidades a discutir proyectos e ideas. Aquí el Gobierno no conoce el debate, salvo un par de aprietos que han pasado dentro y fuera del país, cuando el guion se ha salido de control.

Nunca se sabe entonces, cuál es la conexión que existe, si es que existe, entre las discusiones intelectuales y la toma real de decisiones por parte del Gobierno. Por otro lado, no son pocos los que creen, que un debate a fondo y público entre altos representantes del Estado y algunos de los más notables en la oposición, podría cambiar de golpe la mentalidad nacional y el rumbo del país.

Hasta aquí algunas pinceladas sobre los debates políticos en Cuba, no obstante, es imprescindible seguir participando en cuanto espacio aparece y propiciar que se abran nuevos, sobre todo en las provincias menos favorecidas con el flujo de información y también las más golpeadas por todos los males sistémicos.

Cada uno de nosotros tiene una cuota de responsabilidad en el fomento de la cultura del respeto, premisa indispensable para el ejercicio de la opinión y el pensamiento, motores naturales del cambio y el progreso.

Ing. Eliécer Ávila

Articulo publicado en Diario de Cuba

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Eliécer Ávila

Eliécer Ávila

Presidente del Movimiento Somos+

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3 comments on “¿Cómo es hoy el debate público en Cuba?
  1. Estimado Eliecer: En primer lugar coincido con la sugerencia de Mirta Gómez, es más útil resumir al máximo en temas importantes y complejos como este de tu comentario, para lograr un impacto más efectivo en potenciales lectores que se incrementarían al encontrar buenos resúmenes de pura esencia en exposiciones, por demás acertadas, claras, valientes e ilustrativas sobre la realidad cubana actual. Sobre su contenido, añado: El gobierno cubano hace muchos años que se manifiesta como una dictadura totalitaria, manipuladora de cuanto sea manipulable para aparentar cambios, aperturas, nuevas estrategias, que según el discurso ahora si darán resultados, pero en esencia todo el aparato de represión ideológica, política, intelectual, social, económica, a todos los niveles y sectores está intacto. Muy pocos opositores serios del régimen cubano creen incluso en la sinceridad y transparencia de algunos disque académicos que escriben desde Temas, Espacio Laical y otros incluso más vinculados directamente al gobierno, sobre aparentes enfoques discrepantes de la política oficial, que se exponen en estos espacios, muchos sabemos la procedencia oscura de algunos de esos politólogos que sirvieron durante años en órganos especializados como los departamentos de subversión y espionaje del partido, sus centros de estudios de América y Europa, La Dirección general de Inteligencia del Ministerio del Interior, el Minrex y otras monadas de expedientes conocidos, por ahí andan varios, algunos muy bien ubicados en otros países desde donde siguen dosificando su defensa a los supuestos procesos de cambio que tienen lugar hoy en Cuba. Siempre han jugado el papel de quinta columna para dar argumentos al régimen que le permitan justificar lo injustificable. Moraleja, ningún régimen totalitario como el cubano, que no reconozca que todo el andamiaje montado hasta hace apenas una década fue un rotundo fracaso y acepte que es necesario desmontarlo, como en cierta medida se está haciendo, pero que no siente en el banquillo de los acusados a los verdaderos o verdadero culpable, para poder hacer borrón y cuenta nueva y ser creíble sobre sus honestas y verdaderas intenciones de rectificar, no habrá debate público real posible y mucho menos de temas medulares políticos-sociales, cuya trascendencia pueda poner en peligro el mantenimiento del poder por quienes lo ostentan hace más de cincuenta años.

  2. El articulo esta muy bueno, bien argumentado y redactado, pero quisiera dar un consejo a Eliecer. Los articulos anteriores seguramente seran mas leidos, por una sencilla razon: Son mas cortos. En el mundo actual, la gente esta muy ocupada y es mas facil leer un articulo que no sea tan extenso. Es un consejo netamente pragmatico, como amiga. Un abrazo y muchos exitos

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