¿Hacia dónde va Cuba en lo que a tecnología respecta?

yuseff rodriguez

Recientemente un artículo muy interesante del Ministro del Gabinete de Negocios de los Emiratos Árabes Unidos (UAE por sus siglas en inglés) fue destacado en la sección de Tecnología de la red profesional LinkedIn. Mohammed Al Gergawi explica cómo los gobiernos tienen la responsabilidad de adaptarse a los cambios –tecnológicos en este caso- en pos de hacer frente de manera efectiva a los retos que estos conllevan.

En el mundo cambiante de hoy en día es bien sabido por todos los sectores, profesionales, tecnológicos y académicos, que la habilidad para adaptarse al cambio constante es la clave y lo que define el éxito de cualquier grupo, organización o compañía. Esto tambien es valido a escala de las naciones.

Las olas del cambio, sin duda alguna, moldean el presente y definen el futuro, y los gobiernos no pueden permanecer ajenos a este hecho. Ellos necesitan –expresa Al Gergawi- de un nuevo marco intelectual para la toma de decisiones en todos los sectores y esferas, si es que verdaderamente se toman en serio su participación en el mundo globalizado actual.

Invertir en una economía basada en el conocimiento y permitir la libertad de creación e innovación son esenciales para lograr una fuerza de trabajo que se especialice en una amplia gama de campos, desde medicina e ingeniería, hasta educación e investigación. Invertir en mentes preparadas, flexibles y abiertas a las revoluciones tecnológicas es lo único que puede evitar el ser arrastrados por las olas del cambio, y así convertirnos en los propios gestores y motores del desarrollo: ¡creadores del cambio!

No obstante, a pesar de la importancia que todo esto conlleva, tristemente no es prioridad para muchos gobiernos buscar la forma de cómo ayudar a aquellas mentes y personas que pueden estar listas para contribuir con cambios positivos y necesarios, o al menos intentar crear las condiciones propicias para que la creatividad pueda generar sus propios frutos, no solamente desde el punto de vista tecnológico, sino también desde la intelectualidad o el arte, por ejemplo. Ayudar a las personas en un momento determinado de la historia a “pensar” y “ver”, fuera de las preconcepciones y cajas mentales, no ha sido para nada sencillo, de modo que quienes en cada momento han sido capaces de ver más allá del horizonte inmediato y de pensar fuera de sus limitaciones actuales han definitivamente marcado el comienzo y la pautas para el desarrollo de todos los tiempos.

 

El sistema cubano rechaza el emprendimiento.

En el caso de Cuba tenemos una situación muy peculiar, y por peculiar no queremos decir positiva o propicia, sino seriamente grave en cuanto a la forma en que el gobierno gestiona y responde a las posibilidades de desarrollo del país. Primeramente, porque no existe una separación esencial de las fuerzas creativas y el Estado, de manera que la creación es abducida completamente por este ente, limitando su potencial, así como la motivación y el incentivo personal (sin mencionar el tema de los salarios). Cada día son más las personas en Cuba que prefieren no trabajar para las empresas del Estado, ya sea porque no estén de acuerdo con la forma en que se gestionan o porque sienten el deseo de ser los dueños y guías de su potencial creativo.

El espíritu de emprendimiento es una de las cualidades más importantes y necesarias que un país puede incentivar, ya que se adapta por sí mismo a las necesidades más apremiantes e inmediatas de la sociedad, trayendo soluciones y brindando con el paso del tiempo nuevas oportunidades de desarrollo. En Cuba se debería apoyar la iniciativa personal y privada, y no precisamente lo contrario.

Vemos ahora que después de más de cincuenta años –debido a la situación en el país- el gobierno cubano se ha “dado cuenta” que el Estado no puede abarcarlo todo, que la ineficiencia y la corrupción se están carcomiendo los recursos del país. Sin embargo, vemos también que la apertura en cuanto a la relativamente nueva política económica, que otorga algunas concesiones respecto a la actividad conocida como cuentapropismo, solo se limita a algunos servicios básicos que no tienen realmente peso alguno en el verdadero desarrollo económico del país.

En un segundo lugar –y no por ello menos importante- tenemos el terrible problema de la precaria infraestructura en Cuba para propiciar un adecuado desarrollo tecnológico y económico. El estado actual de conectividad a internet por ejemplo es uno de los más bajos de Latinoamérica.  Aun bajo la situación ideal de que existiese la buena voluntad del gobierno para realmente conectar a todo el país a la red global, los desafíos son inmensos y las inversiones –para sólo comenzar a ponernos al día- astronómicas.

En un mundo moderno completamente conectado, donde cada día se habla más del término internet de todo o internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés) que sin duda traerá otra ola de revolución tecnológica en el mundo, conectando prácticamente todo a la red de redes ¿De qué manera iría Cuba a hacer frente a esto? ¿Cómo podría la economía cubana tener un lugar en el mundo estando prácticamente desconectada de este? Sin embargo resulta risible el hecho de que alguien diga que los cambios deben suceder “sin prisa pero sin pausa”. Diríamos más bien: ¡Con prisa y a toda máquina! Porque el daño ciertamente podría resultar casi irreversible.

Como diría Al Gergawi al finalizar su artículo:

“Innovación es la respuesta. Necesitamos continuamente mirar hacia nuevas ideas, nuevas respuestas, y de una visión siempre nueva para el futuro.”

 

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