Acabó el juego

 

Béisbol-Cuba

Por: Roberto Camba

 Hace rato que el partido terminó, se recogieron los implementos, el público marchó a casa y se apagaron las luces del estadio.  El pelotero sigue ahí, sobre la grama.  No se ha dado cuenta que el juego acabó y su equipo fue derrotado.

En este mini-cuento el pelotero puede simbolizar a Fidel Castro, al Partido, al Gobierno cubano, al INDER o al COC.  En resumen todos están amalgamados.  Decidieron librar una batalla contra el deporte profesional y la perdieron, sólo que no se han percatado y siguen en el estadio, llamando al público para que regrese.

Casi todos en Cuba jugamos pelota, futbol o voleibol siendo niños o adolescentes.  Esa es la diferencia básica entre el deporte amateur y el profesional.  El primero es un juego entre aficionados al deporte, el segundo es un medio de vida.  Para conquistar el segundo, se requiere no sólo talento natural y cualidades físicas, sino también disciplina, dedicación, sacrificio y perseverancia.  El deportista que aspira a vivir del deporte sabe que realiza una costosa inversión, que sólo valdrá la pena y se recuperará si tiene la calidad y el empeño suficiente para triunfar al más alto nivel.  No todos pueden llegar a Grandes Ligas o jugar fútbol en el Barcelona.

 

#Cuba Desde 1959 la Revolución le planteó la guerra al deporte profesional Click Para Twittear

 

Desde 1959, la Revolución le planteó la guerra al deporte profesional.  Al permitir solo el deporte amateur acabó con la carrera de valiosos deportistas que ya habían triunfado en el profesionalismo.  Lo mismo hizo con los peloteros retirados prematuramente cuando regresaron de jugar béisbol profesional en Japón en la década de 1990, adónde previamente alguien del INDER los había autorizado a participar.

En el mundo el deporte cada vez se profesionalizaba más producto al alto costo de implementos y entrenamientos, records cada vez más inalcanzables y salarios más llamativos para los atletas, pagados por la publicidad comercial y el alto costo de entrada a los eventos deportivos.  En 1981 el COI modificó la Carta Olímpica para permitir la participación de profesionales en las Olimpíadas.  Los atletas cubanos seguían condenados al techo limitado del amateurismo.

Era fácil predecir lo que vendría: escapes masivos y pobres resultados.

Hoy se calcula que desde 1990 cerca de 400 beisbolistas han abandonado el país.  Equipos de voleibol, baloncesto, hockey y boxeo también han protagonizado fugas masivas.  Individualidades valiosas representan hoy a otras naciones. Finalmente en fecha reciente las autoridades deportivas cubanas consintieron en permitir paulatinamente la participación de atletas cubanos en ligas foráneas siempre que la contratación se haga a través de Cubadeportes, empresa del INDER.  Todavía rechazan que los cubanos que han abandonado la isla representen a Cuba en eventos internacionales. Entretanto los torneos cubanos declinan en calidad y el fútbol sustituye al béisbol en la preferencia del público, por el simple hecho de que pueden ver eventos de más calidad de este deporte en la televisión, y casi nada de la MLB o la NBA. Es inadmisible que al pueblo cubano se le niegue el derecho a conocer el desempeño de sus peloteros en Grandes Ligas y no se exhiban partidos donde estos jueguen.

Los resultados del deporte cubano en eventos internacionales han caído de forma constante desde los años ’90 hasta la fecha.  El béisbol, que además del deporte nacional es cultura, tradición y orgullo de los cubanos, de prácticamente imbatible durante el siglo XX ya no es capaz de vencer en torneos internacionales, actualmente su equipo nacional se hunde compitiendo en una Liga inferior a AAA como la Liga Can-Am.  Algunos aficionados todavía culpan a los directores del equipo Cuba, llámese Víctor, Roger o Anglada, otros culpan que si faltó tal o más cuál pelotero en el equipo, pero la mayoría sabe que ningún Director o pelotero podría por sí cambiar la historia luego de semejante sangría.

La única solución posible es permitir que más atletas cubanos puedan competir profesionalmente en las mejores ligas del mundo para elevar su nivel, e integrar los equipos nacionales con los mejores atletas del país – con independencia de la Liga en que jueguen –, tal y como ocurre con todos los demás atletas profesionales del mundo.

En resumen, necesitamos que el deporte no sea dirigido por la política.  El juego acabó, ahora hay que hacer todo lo necesario para ganar el siguiente.

 

 

 

 

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Roberto Camba Baldomar

Roberto Camba Baldomar

Nací el 7 de Diciembre de 1973. Me gradué en 1999 como licenciado en Derecho por la Universidad de Camagüey y desde entonces laboré por 11 años como Asesor y Consultor Jurídico en varias entidades. Tuve el privilegio de impartir clases a estudiantes de Derecho y graduarme como Master en Ciencias de la Educación con mención en Derecho. En 2011 emigré a Canadá, donde también obtuve un Diplomado de Administración de Empresas con honores. Actualmente trabajo como Jefe Regulador en una compañía de inspección al sector del petróleo y gas natural, y operador de cámaras de seguridad en un Casino. Soy un orgulloso miembro de Somos+ y desde el 2012 publico mis ideas sobre Cuba en un modesto blog bajo el seudónimo Palma Escrita. Llevo a Cuba en el corazón y no dejo de pensar en mi patria ni un solo día.
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