Manifiesto anti-machista: por una Cuba con tod(as) y para tod(os)

Maykel Colon Pichardo, machismo en Cuba

Por: Maykel Colón Pichardo

Publicado originalmente en Cuba Posible

Si hoy día camináramos por las calles de nuestros barrios habaneros, y con seguridad por los de otras provincias, notaríamos con cierto tufo contaminante, que las prácticas machistas cotidianas dentro de la sociedad cubana continúan intactas. Al percatarnos de semejante agravio, nuestra reacción no se hace esperar. Sentiríamos cierta consternación, principalmente por nuestro compromiso ideológico y social con las aspiraciones de construcción de un entorno, “made in Cuba”, en el que la igualdad de género no sea una mera utopía. Ante tal aspiración, nos preguntaríamos constantemente, cuál sería la estrategia más objetiva para lograr que en la mayor de las Antillas, mujeres y hombres convivan en un espacio pleno de equidad e igualdad.

Nuestra segunda reacción estará sujeta a cuestionarnos hasta qué punto las acciones y campañas que se desarrollan en el marco de nuestra sociedad, repercuten en la vida de cubanas y cubanos en sus prácticas diarias de igualdad de género. Tan seguros no estamos. Las escenas que solemos percibir, en la “guagua”, el “almendrón”, y hasta en la escalinata universitaria, resultan inquietantes. Uno de los pilares de nuestra sociedad es, sin dudas, la educación. Pero en vistas del escenario con el que convivimos (respecto a las relaciones de género), poco o casi nada se ha instrumentado en nuestros programas educativos. El machismo, al más puro estilo cubano, esta ahí, bastante presente, en cada una de nuestras prácticas habituales. Se repite una y otra vez hasta la saciedad, en todos los contextos sociales.

Ante tal paradoja, resulta vital que los hombres, en primer lugar, desterremos el protagonismo al que estamos habituados, y las mujeres ―tanto las que continúan presas de la retórica patriarcal, no precisamente por voluntad propia; y las que, desde su postura feminista, o no, ya han roto con los marcos de ese cerco―, asumamos un papel más desafiante en la lucha por la equidad de género. El camino se plantea largo y agotador. Pero debemos trabajar conjuntamente para crear y fomentar relaciones de justicia y respeto entre los sexos, y erradicar por completo cualquier forma de violencia en contra de las mujeres.

Hagamos posible, especialmente los hombres, una revisión interna. Y grabemos, concienzudamente, en lo más profundo de nosotros, una frase que en los últimos años ha potenciado una campaña de la Organización de Naciones Unidas (ONU), acompañando cada uno de los frentes abiertos para extirpar ese mal obrado legado: “Atrévete a ser hombre, el machismo mata”. No permitamos, bajo ningún concepto, que las prácticas machistas del día a día formen parte de la identidad masculina. Seamos capaces de romper con cada uno de esos moldes que, si bien son el resultado de un proceso de construcción social e histórica, hoy conocemos a ciencia cierta, que cada una de estas prácticas machistas, asumidas con total “naturalidad”, no forman parte de la condición biológica de los hombres.

Abramos nuestras mentes y arranquemos de raíz cada uno de los procesos históricos que se han encargado de construir un modelo hegemónico y patriarcal. A día de hoy, debemos de estar convencidos de que perpetuando cada uno de estos códigos, no hemos sido hombres a plenitud. Estas prácticas han condicionado, de manera negativa, nuestra manera de relacionarnos con las mujeres, con otros hombres y con nosotros mismos.

Seamos capaces de romper con ese modelo. Querer establecer la autoridad y el poder, bajo una suerte de mandato “divino”, limita cada vez más las potencialidades que pueden desarrollar nuestras madres, nuestras hijas, nuestras hermanas, nuestras parejas, nuestras amigas, nuestras compañeras de trabajo. Ellas, como nos demuestran muchos ejemplos, sufren diariamente las consecuencias de estas actitudes, con lo cual, merecen no tener que lidiar con estas situaciones.

Habrá que seguir reflexionando. Desafortunadamente, las creencias sobre la identidad masculina continúan arraigadas en el ejercicio de la autoridad. Y cada hombre cubano, sea el “repa” o el “miki”, de manera consciente, son el reflejo de ello.

Ante tal panorama, se vislumbran muchas estrategias por trazar. Quizás, de una forma instrumental, habría que aplicar las reflexiones de un joven periodista: Johan Manuel Mosquera Góngora, quien arrojó una flagrante declaración, al rendirle homenaje a una destacada luchadora feminista, fallecida en circunstancias trágicas, enfatizando categóricamente: “(…) hoy declaro una renuncia integral a la condición de Hombre formado bajo la aturdidora cultura de la sociedad patriarcal. Renuncio a esa comodidad que mutila, humilla, asesina y aplasta todos los días, a niñas y niños, jóvenes, mujeres y hombres en el mundo entero”.

Esta renuncia, consecuentemente, tiene que venir acompañada de leyes trasgresoras que promuevan la igualdad de género. Hay que eliminar, sin ningún tipo de contemplación, toda instrumentación legal, patriarcal y que no se corresponda con los nuevos tiempos, que justifique e inmortalice las relaciones de desigualdad. En esa misma línea, habrá que continuar haciendo hincapié en los programas educativos, que generen mayor conciencia y que permitan enfocar el problema desde la propia diversidad que lo caracteriza.

Estas iniciativas hay que potenciarlas hasta la saciedad. Sabemos de antemano de los esfuerzos de muchas instituciones, personas y proyectos en el marco de nuestra sociedad. La Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades es un ejemplo fehaciente. El proyecto Todas a contracorriente, enfocado a la lucha de la violencia contra las mujeres y las niñas, y que integran numerosos/as artistas e intelectuales. El proyecto Afrocubanas, un colectivo de amigas, hermanas y colegas que proponen la visualización de los aportes de las mujeres negras y mestizas a la historia y la cultura nacional cubana. El proyecto Arcoíris, formado por un grupo de personas que luchan conjuntamente contra el estigma y la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el contexto actual de la sociedad cubana, en sus espacios institucionales y culturales, desde la comunidad LGBTI. Las bitácoras digitales del ciberespacio Negracubanateniaqueser y el Ojo sexuado.

Cada una de estas propuestas, son algunos de los espacios que desarrollan una labor importante. De un modo u otro, van sembrando una pequeña semilla de esperanza, para lograr revertir la situación en la que continuamos viviendo.

El camino, sin lugar a dudas, se torna cada vez más espinoso. En pleno siglo XXI, la sociedad cubana no hace otra cosa que no sea reafirmar los roles asignados a hombres y mujeres de manera contradictoria. Varios de estos argumentos, son destacados en un sugerente documental de investigación periodística: “Para no morir de hombría”, de la realizadora Anelys Alberto Peña. En líneas generales, las observaciones que se destacan en este trabajo consideran que: “ser macho, varón, masculino, frase con la que se identifica a los modelos de masculinidades en Cuba, tiene múltiples consecuencias nocivas para hombres y mujeres en la cotidianidad”.

Apenas se percibe un cambio, principalmente en los estereotipos estéticos. En los tiempos que corren, muchos hombres se depilan, e intentan mantener un cuidado personal poco tradicional. Sin embargo, en palabras de Julio César González Pagés: “en el fondo mantienen su esencia machista, misógina y homofóbica”.

A partir de esta prerrogativa, resulta fácil visualizar la presencia de estereotipos sociales, arraigados con mucha fuerza, y que son inducidos en cada uno de nuestros espacios de socialización: la cola, la escuela, el barrio; reproducidos también, sin ningún tipo de conciencia, por nuestros medios de comunicación y espacios institucionales.

Nuestra convivencia cotidiana, en la que de una manera u otra intervienen estos actores, están organizadas a partir de las estructuras patriarcales. Así lo demuestran cada capítulo de nuestras telenovelas, el ritmo pegadizo de la última canción de reguetón, o la canción más contestataria que propone cualquiera de nuestros grupos del movimiento “underground” de rap. Formamos parte de ese círculo vicioso que pretende continuar manteniendo sus dominios. Y a pesar de todo el camino recorrido, hay una brecha que se resiste a pasar página, y utiliza los remanentes históricos de los “privilegios masculinos” para continuar afianzándose.

La enajenación política, las ansias de consumismo desmedido y otros irreverentes males que corroen a nuestra sociedad, se alían con esa “pícara” cultura patriarcal, para continuar marcando las diferencias raciales, de clase y género. Obviamente, las condiciones para desarrollar un cambio sustancioso no están puestas sobre la mesa abiertamente. Las prácticas machistas, aprendidas e interpretadas de diferentes formas, están presentes en cada eslabón de nuestras vidas.

No parece seguro que a corto plazo se vayan a materializar los parámetros de equidad e igualdad a los que aspiramos. Ahora bien, esta es una lucha constante en la que todas y todos debemos de involucrarnos. Hagámoslo de la manera más objetiva que consideremos. Son muchas las fórmulas que podemos implementar. Incluso, también es valido instrumentarlo a golpe de ritmos cadenciosos. Así, la popular orquesta Bamboleo, hace un tiempo, invadió nuestro ambiente sonoro con su canción: “La que manda”. En ella proclamaban a ritmo acelerado: “¡Mujeres! Que ¡Mujeres! Que. ¿Quién manda? ¡Nosotras! ¿Quién manda? ¡Nosotras! Se te están cayendo los pantalones, ahora los llevo yo, ya tú no manda en la casa, la que manda soy yo.”

Aunque el planteamiento de esta melodía engloba simbólicamente el espacio privado del hogar, y no es quizás el mensaje más acertado, resulta una manera sugerente de transmitir nuevos valores, sobre todo por el amplio impacto mediático que genera. Tengamos presente el alcance y la repercusión de la música popular bailable en la Isla. A partir de ahí, artistas de estas manifestaciones culturales hemos de convertirlos en nuestros aliados. Tenemos que poner empeño en seducirlos y sensibilizarlos con esta causa.

Asumamos con bastante premura que el machismo sigue ahí fuera, y lo encontraremos en los espacios más insospechados. Por esa razón, es importante que seamos capaces de extirparlo por completo, y eso en una buena parte, lo conseguiremos cuando logremos que sea rechazado en todo el conjunto de la sociedad, tanto en su faceta pública como privada. Ciertamente, no es una tarea fácil. Inesperadamente, se presenta en las situaciones más inverosímiles, y en cada una de ellas, nos convertimos en cómplices de las prácticas machistas. Pero no lo veamos como una tarea imposible. Tenemos que aprender a no ser cómplices de estas situaciones, y dejar de reaccionar con pasividad ante ellas, sobre todo los hombres.

No veamos estas realidades como normales. Es importante tener presente que el problema es realmente complejo, y solo de una manera consensuada, y con mucha voluntad, lograremos desestructurar las bases de la sociedad patriarcal.

Tomemos por asalto lo que nos corresponde a todas y todos. Pero para ello hay que dejar de comulgar con las ideas y prácticas machistas que hiperbolizan los valores de la masculinidad. Dejemos de estar “presos de ese machismo ancestral” e “increpemos al sistema educacional”.

Esta lógica puede resultar una base efectiva. Sin embargo, tiene que enfocarse de manera que desnaturalice los rasgos patriarcales ideológicos, los que subyacen en la organización misma de la sociedad y el ámbito familiar. De una manera tajante, tenemos que aunar esfuerzos y lograr re-dirigir las funciones económicas y políticas de la familia cubana, que desafortunadamente no están recogidas en los “lineamientos” políticos y sociales que se proyectaron hace algunos años en el pleno de la Asamblea Nacional del Poder Popular, para llevar adelante la restructuración del país. Sin tener en cuenta esta concepción, esa reconstrucción será incompleta, contribuyendo una vez más a perpetuar el papel de la mujer en un segundo plano, limitando sus posibilidades a la hora de vincularse a la vida pública activamente.

Desde esta perspectiva, es importante entonces que logremos dinamitar ese espacio “sagrado” masculino. No puede quedar solamente en mano de los hombres la instrumentación de la política y la economía. Eso sería incoherente con la idea de justicia social que tanto se predica, la cual tiene que ser incluyente en todos los sentidos. Y aunque conocemos de primera mano la importante labor de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) en la fomentación de acciones de empoderamiento y la participación activa de mujeres en algunas de estas esferas, el mensaje que percibimos en el discurso político, en la noticia de última hora, en el bailable, en la esquina, o en el “P”, no parece sensible con esta preocupación que presentamos, y los remanentes machistas hacen gala de su repercusión.

En la práctica, la estructura patriarcal, se ha autoconcedido el derecho de gobernar y controlar, sometiendo a las mujeres a través de muy diversos mecanismos. De un modo subliminal, el poder masculino, también en el escenario cubano, continúa ostentando un carácter heteronormativo que excluye, aplicando una suerte de derechos “naturales” que consideran a las mujeres, lo femenino, y a los hombres que no cumplen con su rol asignado, como inferiores e incapaces.

De esta manera, el “papirriqui” con “juaniquiqui” evoca cotidianamente todos sus poderes. Y al más puro estilo de aquellos animados de los años 80, Voltus V, consolidan la unión de cada uno de ellos para desplegar sus mecanismos de control y de terror. Este fue y ha sido, durante mucho tiempo, su táctica para someter y homologar cada una de las prácticas machistas, generando, conscientemente, la asignación de roles, en el que las mujeres quedan rezagadas, convirtiéndolas en “brujas sin sentimiento” desposeídas de cualquier derecho “natural” e “innato” por su condición femenina.

El escenario se torna cada vez más complejo. Pero como sociedad que se perfila hacia una confusa redefinición de valores políticos e ideológicos, no perdamos la oportunidad de cuestionar las prácticas machistas predominantes. El género también es político e ideológico, y resulta una cuestión igual de preocupante que las futuras relaciones con Estados Unidos. Si tenemos que volver a abogar por un “hombre nuevo” cubano, hagámoslo. Ahora bien, no cometamos el error de antaño, y acometamos este propósito rompiendo con cada uno de los moldes de la cultura patriarcal.

En el nuevo escenario que nos toca vivir, habrá que ser capaces de fomentar esas nuevas maneras de ser hombre. La clave está en proponer las formas fundamentales de la equidad, y que una simple frase, como las que escuchamos a diario gracias a la vecina o al vecino, sean también articuladas en base a esa concepción. Es imperioso que aprendamos a “medir a los hombres tanto por las veces que se caen, como por las que se levantan”.

Hay un trabajo arduo por desarrollar. Y es necesario que cada sitio (el bar, la zona wifi, el parque, la escuela, los hospitales), se convierta en un espacio de transmisión de los valores de igualdad y equidad. Argumentos que también tenemos que trasladar a los espacios que más se socializan en torno a nuestra cotidianidad: el Paquete Semanal o la canción más pegada del momento. Todos estos puntos de referencia tienen que ser reclutados y sensibilizados. Es una lucha común en la que cubanas y cubanos podemos aportar nuestro granito de arena.

Aunque nuestro presente es cada vez más irreverente ante estas sensibilidades, sobre todo por la aceptación pasiva de los mecanismos estructurales que avalan las prácticas machistas, no debemos cesar en este empeño. Separemos la balanza a la hora de evaluar quién es más o menos machista. En grado mayor o menor, es un mal que no permite el desarrollo pleno de una sociedad. Tenemos que ser consecuentes, y despojarla de esa etiqueta maldita. Vamos a por ello, con convicción y optimismo, seguramente que iremos logrando muchos de nuestros propósitos. Con suerte, y poniendo medios y personas a remar en la misma dirección, conseguiremos mucho. No esperemos a que “se seque el malecón”, esta es una tarea de ahora.

 

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2 comments on “Manifiesto anti-machista: por una Cuba con tod(as) y para tod(os)
  1. Creo que cuba puede mejorar, pero en comparación con los demás países tenemos varios escalones por arriba, hablas de equidad y igualdad? Y sera que las mujeres están preparadas para eso? No hablo de beneficios sino también de lo contrario, la mujer siempre sera mujer y el hombre hombre, caracteres distintivos y demostrado científicamente , ahora creo que en cuba las mujeres han pasado a ser protagonista desde celia sanchez, y su legado fue efectivo para unas y no para otras, también existe el feminismo, y las chikas pueden causar mayor violencia que hasta un hombre, están dotadas con un sexto sentido que pueden manipular a su conveniencia, ahora es cierto que a veces el hombre agrede físicamente a la mujer, pero cuando una mujer agrede sera psicológicamente y el resultado es peor. No creo que ninguna mujer en cuba este indefensa, mas no creo que el machismo que usted plantea sea tan así, usted quiere de nuevo desacreditar a nuestro país, hable de hechos claros para ponerle yo hechos claros de mujeres atacando psicológicamente que son peores, las mujeres están dotadas por dones que ni usted ni yo poseemos, paciencia, detalle, imaginación encanto, no creo que las mujeres estén tan desprotegidas en nuestra sociedad. La mayorian trabaja y la mayoría desempeña mejor que los hombres, en fin otro post con el que no estoy de acuerdo, y acuerdence las mujeres siempre serán mas inteligentes y mas capaces que nosotros los hombres, esta demostrado !!!

  2. // Teque muuuuuuy laaaaaargo //

    Mi pronunciamiento sobre el tema:

    El principal lugar para la educación y formación del individuo en todos los aspectos es su hogar, su familia. Pero de padres con formación torcida casi seguro salen hijos algo o muy torcidos.

    Por eso hay que hacer los mayores esfuerzos por tener *sistema escolar* y *medios de comunicación masiva* con los necesarios requerimientos.

    Para reducir o eliminar el trato abusivo, totalmente innecesario y dañino para todos, a las mujeres (¡que son el componente más importante de la existencia humana!). Y para mejorar muchísimos otros aspectos de la formación del individuo.

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