Educación

 

Lic. Joan M Núñez Díaz.

Considerada como uno de los logros más importante de la llamada revolución y convertida así, junto a la salud, en uno de los estandartes que enarbola el régimen, para hacer creíble su disfraz de justicia social, es la educación uno de los elementos en los que se aferran los defensores del sistema en su difícil labor de mantener convencidos a nuestro rebaño de que pertenece al país con el modelo político más justo del planeta.

Cada comienzo de un nuevo curso escolar los medios oficialistas realizan reportajes donde se glorifica el gran esfuerzo que realiza el estado para garantizarle todos los medios a los estudiantes y convencer a la población de que todo está asegurado para que nuestros vástagos adquieran una educación de primera calidad.

Sin embargo, todo padre cubano puede experimentar cuan falsa resulta toda esta propaganda. En la mayor parte de nuestros centros estudiantiles las condiciones son creadas por los familiares de los alumnos. Desde la pintura de las aulas hasta los instrumentos de limpieza deben ser llevados del hogar. En los seminternados la situación del almuerzo escolar es un dilema, donde los cocineros deben hacer malabares para poder conformar un menú, donde gran parte de las veces tienen que aportar de sus propios hogares para que este sea digerible para los niños.

En ocasiones la dirección de los centros organiza “Festivales del Sazón” con la intención de que cada estudiante lleve de su hogar algún condimento para poder darle sabor a los alimentos ya que el presupuesto asignado no cubre el costo de estos en los organopónicos que, irónicamente son propiedad del estado. Por otra parte, la insuficiente cuota de consumo eléctrico no permite en ocasiones realizar actividades o clases de computación ya que al ésta ser rebasada, la escuela debe sumirse en un sombrío apagón hasta el mes siguiente.

Por otro lado, la calidad en la enseñanza corre, una parte a cargo de maestros desmotivados por las altas exigencias y los bajos salarios. El resto depende de maestros emergentes y estudiantes de magisterio que, en su inmensa mayoría optaron por la profesión por la posibilidad de no cumplir el Servicio Militar obligatorio o porque su rendimiento escolar no les permitió alcanzar alguna otra carrera. Por lo que los padres se ven obligados a estudiar las asignaturas para repasar a sus hijos o destinar una parte de sus salarios en profesores particulares, que muchas veces son los mismos maestros, pero con una “atención individualizada”.

Muy a pesar de todo esto, el gobierno cada cierto tiempo eleva el rigor y el nivel de los contenidos pues, cree que seremos el país más culto del mundo, aunque sigamos con libros de más de una década de edición, mapas que desconocen aún que la URSS dejó de existir hace mucho tiempo y que no tengamos pleno acceso a internet. Algo que contribuye a la apatía del estudiantado es la exageración del trabajo ideológico. Alumnos que están conscientes de los sacrificios que realizan sus padres para pagarles una merienda se les obliga a proferir vivas y consignas en favor del sistema que les aflige y les pretende hacer creer que la educación es gratis solo en Cuba.

Una buena educación debería existir sin la influencia de ninguna ideología o religión. Estar obligada sí, a enseñarle a los ciudadanos sobre su diversidad y que este, en ejercicio pleno de su libertad escoja, si desea o no, tomar partido por algún tipo de pensamiento.

Una enseñanza laica desecharía las consignas políticas en favor de la poesía humanista. Las doctrinas ideológicas serían remplazadas por la formación de valores cívicos y morales que hace años están en falta en nuestra sociedad. Las actividades políticas cederían en favor de las actividades culturales.

Que el lema de nuestros niños en la escuela deje de ser “pioneros por el comunismo seremos como el Che” y oigamos “Por una mejor nación seremos buenos estudiantes”.

Nuestros docentes deben percibir un salario en proporción a su labor, un salario digno que les permita mantenerse a sí y a los suyos para que, despreocupados por la subsistencia, aprovechen más su tiempo en la autopreparación. La educación debe seguir siendo un derecho de todos, incluso la universidad, que es, según el gobierno, solo para los “revolucionarios”. Esto no excluye el que pueda haber escuelas privadas, de hecho, hoy en Cuba las hay, privadas a los cubanos de bajos recursos. Estas contribuirían a la más pronta restauración de los valores y la identidad cubana.

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