Las grietas de una democracia imperfecta

 

Foto tomada de Internet

 

Por: Kaned Garrido

La realidad rompe muchas veces con nuestro espejismo constante de lo que debe ser una democracia: un debate sincero entre candidatos que se presentan para servir. Y la verdad, es que es una lucha apasionada entre nuestros ideales y los hechos decepcionantes que nos salen al paso.

Cuando apareció la democracia norteamericana el mundo caminaba sobre el poder casi ilimitado de las monarquías. Inglaterra abría sus senderos con un parlamento que pudiera contradecir a su propio rey, y la ilustración buscaba desesperada, donde materializarse.

Es entonces cuando surge una generación de intelectuales norteamericanos que plantean una sociedad nueva de contrapesos entre poderes e “igualdad entre los hombres”. Entre ellos, Thomas Jefferson, John Adams,  James  Madison, Benjamin Franklin y Alexander Hamilton.

El mundo se nutre de las frases poéticas de Jefferson en la Declaración de Independencia,  de un poder que derive del “consentimiento de los gobernados”. Años después los franceses se lanzan contra el absolutismo en las calles parisinas y dos siglos más tarde tenemos conformadas las repúblicas actuales.

Pero las democracias han revelado a lo largo de los años sus grietas más profundas. Las dictaduras, en cambio, las ocultan tenebrosamente. En ellas no se escuchan los escándalos, precisamente porque no existen las investigaciones independientes ni la libertad de prensa para difundirlas.

Sin embargo, las prácticas políticas para ganar en las elecciones libres tienen sus grados de maquiavelismo. Dejan un sabor amargo en las pretensiones idealistas de los ciudadanos.

Es común que en vísperas de las votaciones las campañas negativas crucen fuego. Se destapen los escándalos, se escarben en detalles del pasado, y ¿por qué no? también se creen falsos rumores.

Girando la rueda de la historia a Estados Unidos en 1828, el senador Andrew Jackson compite contra el presidente John Quincy Adams por la silla del poder. En el ambiente caldeado de los últimos años suscita la idea entre los partidarios de Jackson de que Adams “robó” las últimas elecciones. Esta desconfianza disemina el espíritu deportivo de la campaña y los escrúpulos éticos se quebrantan.

Los dos bandos se atacan públicamente mediante manifestaciones, mítines y artículos en la prensa. Las críticas pierden objetividad y transgreden las fibras personales de los candidatos.

Ya no se trata del programa de gobierno más adecuado para la nación, sino de que “la esposa de Jackson es bígama”. Además, se le suman a la campaña acusaciones de asesinato, incluso de canibalismo.

Ha nacido según los expertos, una peligrosa especie de la democracia norteamericana: las campañas negativas.

Es así como en la campaña del 2004 las medallas del exteniente de la Armada John Kerry se convirtieron en el centro de debate, e irónicamente, en su punto débil como candidato presidencial.

Kerry había combatido en la Guerra de Vietnam y había obtenido por su desempeño : una Estrella de Plata, una Estrella de Bronce y tres medallas de Corazón Púrpura.

En plena campaña política, una organización de veteranos enfiló sus críticas cuestionando si Kerry realmente merecía dos de las cinco distinciones. Su contrincante, el presidente George Bush, ni siquiera fue a Vietnam, pero la campaña de desprestigio puso al exteniente a la defensiva. Otro grupo de veteranos sumados a los políticos demócratas acusó a los promotores de la campaña de ser aliados del presidente Bush. ¹

Aunque no se comprobó finalmente, la controversia contribuyó a la derrota de Kerry y el presidente Bush fue reelegido para un segundo período.

La campaña presidencial del 2016 agudizó aún más esta ruptura con los ideales éticos. Por muchos años, Estados Unidos ha desplegado observadores electorales en varias democracias del mundo. Según el profesor de derecho de la Universidad de Ciudad del Cabo en Sudáfrica, cada vez crece más el sarcasmo de este hecho entre los expertos.  Se preguntan:

¿Puede Estados Unidos seguir siendo un referente de democracia para el mundo? ₂

Lo cierto es que el gigante estadounidense no tiene la exclusividad en problemas de manipulación, corrupción y simplificación de los mensajes políticos. El resto de democracias del mundo revelan sus grietas a diario.

En las dictaduras, en cambio, estas transgresiones son ocultas e invisibles. Los déspotas no se toman la molestia de difamar a sus oponentes.

Este juego comparativo nos conduce a la siguiente pregunta : ¿Se puede mejorar la democracia?

Al igual que los estudiantes de una escuela, todos los años las democracias van a examen y cada una recibe un puntaje.

Noruega, un país climáticamente frío y con sangre vikinga, lidera la puntuación del 2016. Su  sistema  electoral, tecnológicamente hablando, no es nada  del  otro  mundo.  Pero mantienen resultados envidiables de participación, igualdad y respeto a los derechos  ciudadanos. ³

La clave, más que su infraestructura y su redacción de leyes, ha sido la construcción de confianza social. La igualdad, incluso dentro del “capitalismo brutal”, ha permitido que los ciudadanos compartan y sientan objetivos comunes. En un círculo virtuoso sus impuestos son responsablemente utilizados y sus políticas públicas inteligentemente dirigidas. ₄

Hoy tenemos mucho que aprender de la democracia escandinava. Un camino con raíces que brotaron de declaraciones audaces, desde la Carta Magna hasta los Derechos del Ciudadano. Transformaron un mundo de absolutismo en una sociedad de personas libres.

 

 

Fuentes

  1. Campaña contra Kerry

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_3592000/3592692.stm

  1. La campaña electoral del 2016 en Estados Unidos

https://www.nytimes.com/es/2016/09/07/la-campana-electoral-deja-en-evidencia-a-estados-unidos/?mcubz=1

  1. Índice de Democracia del 2016. The Economist.

http://www.eiu.com/topic/democracy-index

  1. ¿Qué hace a Noruega el país más democrático del mundo?

http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/01/150121_noruega_pais_mas_democracia_ch

 

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Kaned Garrido

Kaned Garrido

Nací en Cuba en 1993. Salí de Cuba en el 2008 y he vivido en Colombia hasta ahora. Mi preocupación por lo que sucedía en Cuba me llevó a escoger la carrera que estudio: Ciencia Política. Me uní a Somos+ porque me identifico con lo que piensan y sienten. Es una experiencia emocionante pertenecer a un equipo donde se respira tanto entusiasmo y energía que ningún desafío parece imposible. Para todos aquí tienen un amigo.

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