Los economistas y la sociedad

 

Por: Germán M. González

En Cuba se realizaron estudios sobre la economía y el desarrollo de la Isla desde el surgimiento de nuestra nacionalidad. la Sociedad Económica de Amigos del País se creó en los inicios del siglo XIX y en ella participaron los pensadores de la época. Sobresalen los trabajos de José Antonio Saco.

El debate en torno a la conducción económica del País continuó hasta el fin del coloniaje y posiblemente nuestras guerras de independencia, con sus secuelas de muerte, destrucción e intervención extranjera no hubieran sido necesarias de haber triunfado las ideas de los forjadores de nuestra nacionalidad. Durante la República Mediatizada surgen economistas competentes, además, de la escuela de Ciencias Comerciales de la UH y otras egresa una pléyade de profesionales muy bien formados. –

Sin importar relevancia profesional – la tuvieron – comentaremos sobre tres profesionales significativos, ejemplos de la divergencia en los caminos tomados luego del triunfo de la Revolución y otro, Jacinto Torras, militante del Partido Socialista Popular que recibió la tarea como tal de asesorar a Jesús Menéndez en sus luchas al frente del Sindicato Azucarero. Los éxitos de esa batalla – jornada de ocho horas, diferencial azucarero, entre otros – fueran impensables sin la colaboración entre un político honesto y un economista capaz.

Otro economista con una obra relevante fue Oscar Pino Santos; notable por el impacto de sus reportajes publicados en la revista Carteles, de las mejores en habla hispana en esa época, en el año 2000 varios fueron recogidos en un libro titulado “LOS AÑOS 50 En una Cuba que algunos añoran, otros no quieren ni recordar y los más desconocen”. Estos reportajes escritos en excelente prosa y con el magistral testimonio gráfico de Raúl Corrales, reflejan los males de una época a recordar para impedir su retorno.

Destacado economista fue Raúl León Torras. De pura estirpe marxista – leninista – estalinista estudió en Cuba y los Estados Unidos y al triunfo de la Revolución trabajaba en la firma presidida por Julio Lobo. Luego representó nuestros intereses en organismos internacionales del mercado azucarero falleciendo cuando presidia el Banco Nacional de Cuba. Califica dentro de los técnicos más conocedores del mercado azucarero mundial en la historia de Cuba.

El tercer economista a mencionar es Felipe Pazos. Este profesional se desempeñó en el Banco Mundial y en el Fondo Monetario Internacional (FMI) alcanzando posiciones destacadas en la escala jerárquica; fue junto al economista argentino Raúl Prebish, fundador de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). En Cuba: promotor de la creación de un Banco Nacional y su primer presidente. Estudió la economía cubana desde una óptica honesta y nacionalista. Trabajó en el Gobierno Revolucionario hasta disentir con el rumbo tomado y exiliarse.

Estos tres economistas capaces y con una amplia ejecutoria al servicio de su país, en un momento determinado toman dos caminos, el primero: mantenerse en Cuba, acríticos ante decisiones perjudiciales y absurdas como por ejemplo: la brigada Che Guevara, eliminación de la contabilidad en la economía y cierre de carreras afines, la zafra del 70, la incorporación al CAME, los planes masivos de becas, el conjunto de aberraciones conocido como Batalla de Ideas y muchísimas otras. El segundo camino tomado por los economistas cubanos ante la disyuntiva fue el de marcharse de su Patria, convencidos de que no sería de por vida como resultó a la postre.

Valgan los ejemplos anteriores de decisiones de pésimas consecuencias económicas y sociales las cuales de haber existido debate, los profesionales de la economía hubieran jugado su papel y dispuesto de espacio de verdadera discusión sin temores ni amenazas, si eso hubiera sido posible sin ser tachados de “disidentes” o “apátridas” se habrían evitado muchos males que hoy padecemos. Ni todos los exiliados fueron deshonestos y traidores, ni los fieles fueron útiles a la Patria, plegándose a la “disciplina del partido”, seguramente conocedores del desastre ocasionado.

Quizás la mayor incongruencia del régimen estuvo en mantener inéditas ideas “perturbadoras” del Che Guevara sobre temas económicos durante más de tres décadas, mientras los escolares cubanos lo proclaman diariamente como su paradigma. Vedar a uno de sus íconos principales es de las más antidemocráticas acciones u omisiones realizadas.

En la actualidad se observan muchas opiniones interesantes y divergentes en las publicaciones especializadas, muchos economistas muestran inquietudes válidas acerca del futuro del País y se cuestionan (en medios cibernéticos, la prensa oficial solo refleja apoyo unánime) muchos aspectos como:

¿Garantiza la estatización de los medios de producción el camino al socialismo?

¿Puede ser el cooperativismo una solución, entre otras, al desarrollo?

¿Son compatibles la propiedad estatal de los medios con la propiedad individual o cooperativa de la producción?

¿Cuáles son los límites de la inversión extranjera y hasta donde compromete el futuro del País? ¿En qué sectores? ¿Liberando de trabas a los nacidos en Cuba sigue siendo necesaria? ¿O las facilidades son solamente para los extranjeros?

¿Nuestra legislación laboral garantiza derechos fundamentales a los trabajadores cubanos tomando en cuenta a los empleadores privados?

¿Qué papel juega la colosal deuda externa en el futuro de Cuba?

¿Hasta dónde llegará la administración de los recursos cubanos por entidades extranjeras? ¿Son en realidad los cubanos tan inútiles? ¿O lo son solamente cuando están en Cuba? ¿Por qué?

¿Se puede alcanzar el desarrollo y el socialismo sin una sociedad democrática?

Estas y muchísimas más interrogantes deben ser debatidas, más ahora cuando se avecinan modificaciones constitucionales y se rumora una nueva ley electoral, todo lo cual la Asamblea Nacional aprobará, como siempre, unánimemente.

Esperemos la anunciada apertura de los espacios cibernéticos para la mayoría actualmente sin acceso por razones administrativas o económicas o ambas. Necesitamos se abran espacios – no solo cibernéticos – para el debate y en él participen los cubanos sin importar donde residan, incluidos economistas, ese debate deberá ser respetuoso y sin represión y expresiones peyorativas. Y la única consigna válida, en un país agobiado por tantas, debe ser “Cero exclusiones”.

 

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