¿Y qué?

Por Germán M. González

«¿Y qué?», parece ser la respuesta del cubano de abajo y de adentro a la algarabía mediática –de los medios del partido&gobierno y del exterior- ante el hecho de la supuesta “sucesión presidencial”.

Sucede que estos cubanos saben que si algo cambiara sería para peor, la experiencia de sesenta años lo atestigua. Para que nadie se llame a engaño en su insípido discurso inaugural Cucharita III lo ratificó al mencionar a su mentor recalcando sus títulos en el partido único que constituye, según la constitución (1) (como en la soviética de la cual es copia) “la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado”, lo cual se mantendrá en la reforma constitucional anunciada por Raúl Castro en las conclusiones.

En realidad el supuesto cambio resulta un acomodamiento entre los cargos partidistas y gubernamentales, lo cual no significa el fin de la dualidad partido&gobierno (2) en primer lugar por el dichoso artículo y en segundo lugar por los protagonistas. Dualidad también ratificada por Raúl Castro en sus conclusiones.

Por circunstancias personales y familiares durante los días18 y 19 me moví por diferentes municipios de La Habana y Artemisa. Estos movimientos se efectuaron en transporte público, almendrones, camiones y ómnibus, permanecí en paradas, en los muy concurridos parques de la Fraternidad y Central, en instituciones como bancos y otras e incluso en la barbería habitual.

En ningún lugar oí una alusión al supuesto acontecimiento histórico, por tanto, el destinatario de los bienes futuros según algunos pocos y víctima de las consecuencias de lo que está por venir inevitablemente según los más, no se dio por enterado de lo que ocurría en el Centro de Convenciones donde los 605 diputados designados luego de cuidadosa selección –y visto bueno del Gran Hermano- levantaban la mano disciplinadamente al igual que lo han hecho las ocho legislaturas anteriores ante la pregunta ritual del presidente: a favor…

Solo disfruté un diálogo entre bici taxistas:
─ ¿Por fin a quién  pusieron?

Y el “pusieron” representa toda una definición. La causa de esa indiferencia está quizás explicada por la respuesta de un amigo que ante el comentario anterior expresó filosóficamente: bueno, en definitiva así ha funcionado siempre en los municipios y provincias, un gobierno a esas instancias para que la gente vitupere, un parachoques, y el partido y los militares flotando sobre la m… perdón, sobre las aguas, sin nada que ver con los desastres.

Para los que aún  se crean la seriedad de la mise en scène realizada, lo siguiente: ¡una hora! para estudiar la biografía de las personas propuestas para los cargos que decidirán los destinos del País durante los próximos cinco años, para muchos, especialmente los delegados de circunscripción que son casi la mitad de los diputados, unos perfectos desconocidos, ellos/as según los medios del partido&gobierno solo presiden, reciben, despiden, recorren, constatan, u otros términos similares y nadie sabe lo que piensan, si es que piensan algo, sobre la deuda externa, la reunificación y devaluación monetaria, la inexistencia de flotas mercantes y de pesca ¡en una isla! la agricultura ruinosa con más del 50% de las tierras agrícolas ociosas y un etcétera larguísimo para poder relacionar el rosario de calamidades que enfrentará el “nuevo” equipo “gobernante”.

 

(1) Artículo 5 en ésta, el seis en aquélla.

(2) Raymond Aron, filósofo, sociólogo y comentarista político francés. En su obra «Démocratie et totalitarisme»: una consecuencia de la aplicación de la ideología en un régimen de partido único es la fusión sociedad civil-estado-gobierno-partido.

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