Coppelia: la “Catedral del Helado” se derrite

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Por Manuel Diaz Mons. Publicado en Cubanet.org

De sus 26 sabores el día de su inauguración, la heladería más famosa de Cuba ahora solo ofrece disgustos

A HABANA, Cuba.- Enclavada en 23 y L, la esquina más transitada en Cuba, y contando con la preferencia de muchos cubanos solo por sus módicos precios, la heladería Coppelia hace ya algunos años no cumple las expectativas de ese público que, huyendo de las altas temperaturas, se refugia  en la desabastecida y visiblemente corrupta institución estatal que el próximo año cumplirá medio siglo de creada.

Inaugurada el 4 de junio de 1966 por el arquitecto Mario Girona y bajo el control constante de los más altos directivos del país, esta heladería con nombre de ballet abrió sus puertas con una oferta de 26 sabores y 250 mesas, lo que daría capacidad para atender a 1000 personas simultáneamente. Pasando los años estas cifras fueron disminuyendo hasta llegar a solo contar con 172 mesas, dejando solo capacidad para unas 688 personas y no más de 1 o 2 sabores en oferta, situación que ha provocado el malestar de los consumidores y la necesidad de que el gobierno de la isla intente justificar los motivos por los que la “Catedral del Helado”, nombre que adoptó gracias a la película Fresa y Chocolate, hoy sea ineficiente y motivo de “vergüenza nacional”. Así la califica Junior Ferro, un estudiante habanero que visita la institución diariamente por la cercanía con la universidad  y por los bajos precios que no logra encontrar en las heladerías particulares o las estatales que venden en divisas.

“La culpa del desabastecimiento y la falta de materia prima es del bloqueo”, han asegurado muchos de los directivos de este centro ante el cuestionamiento de algún periodista que logra franquear los obstáculos impuestos por el gobierno para evitar cualquier situación donde esta u otra institución estatal pueda quedar en ridículo. Sin embargo, ante los ojos de los más de 12 000 clientes que diariamente hacen las colas para endulzar su paladar en Coppelia surge otra realidad más creíble. “Claro que sólo puede existir un solo sabor si por la puerta y frente a los ojos de todos se ve como venden las tinas de helado” comenta Ferro visiblemente contrariado “lo peor de todo es que tanto la seguridad del lugar como sus más altos directivos forman parte de esta dulce y helada mafia, pero esto, en mi opinión, va a cambiar el día que Coppelia tenga dueño”

Mejor pero más caro

“Yo tengo licencia de elaborador vendedor”, comenta el joven emprendedor Yoan Torres, que pretende en los próximos días inaugurar una cremería en el municipio Arroyo Naranjo, a las afueras de la capital. “Con esta licencia estoy autorizado a vender helado y productos hechos en casa” nos aclara, “lo difícil está en los precios; la competencia está muy dura y no existe un mercado mayorista donde poder comprar los productos”. Con una licencia de elaborador vendedor, Yoan está autorizado a poner en venta helado confeccionado en casa o industrial, sin embargo las dos opciones tienden a ser muy caras: “vender helado en Cuba es un buen negocio, en este país hace calor el año entero por lo que el producto siempre va a ser bien recibido por el cliente; lo difícil es conseguirlo. Hacerlo en casa no es una opción, es muy caro y jamás podría venderlo. Solo queda comprarlo en la tienda o tener algún contacto en alguna fábrica de helados, da lo mismo que sea estatal que clandestina; o comprarla en Coppelia a cinco cuc (equivalentes a dólares) la tina. En cualquiera de los casos estoy obligado a vender la bola de helado a no menos de 0.25 CUC para lograr ser rentable a finales de mes”, afirma el joven empresario.

Una versión estatal de excelencia

“Cuando fue inaugurada, venir a Coppelia era fenomenal, la verdad daba gusto. En una bola de fresa, como en la película (Fresa y Chocolate), podías encontrar trozos de esa fruta, y ni hablar de la eficiencia de los trabajadores, eran los mejores. Luego todo se fue degenerando. Recuerdo que hasta llegaron a encadenar las cucharas, hoy traigo a mis nietos porque no me queda de otra, mi jubilación sólo puede pagar esto”, comenta Virginia, una abuela cubana que sin muchas palabras nos deja muy clara su opinión ante la realidad que le está tocando vivir. “La cosa está muy mala mi’jo”.

Ya dentro de la institución, la versión que los directivos intentan hacer ver se derrumba por completo. La falta de higiene en los vasos, “canoas” (platos) y cucharas así como en el uniforme de la mayoría de los dependientes, el mal trato de muchos de estos con el público, y una versión muy corrupta de lo que en el resto del mundo se considera una bola de helado, confirman  lo que en las colas para entrar las personas no dejan de repetir: “la ‘Catedral del Helado’ se derrite”.

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