¿Qué le pido, monseñor?

 

F del obizpo de La Habana

 

Por: José M. Presol.

Monseñor,

Soy simplemente, a pesar de la distancia, uno más del rebaño que el Señor ha puesto a su cuidado tras la aceptación de la renuncia del cardenal Ortega y su nombramiento por el Papa Francisco. No tengo una gran formación teológica, al menos no comparable con la suya, pero, aún con el peligro de equivocarme, sí creo que tengo claro lo que tengo que pedirle a mi pastor.

Los principios de nuestra Fe son inalterables, y, aunque pueda parecer que cambian, no es así. Lo único que cambia son las interpretaciones y actos de los hombres, que, al usar su libre albedrío y servir como herramientas de la voluntad de Dios, a veces aciertan y otras, se equivocan.

De esa forma, el rebaño antes era más callado y hasta, si se quiere, más sumiso. Ahora, sin faltar al debido respeto a su ministerio, somos más atrevidos y en nuestra osadía, como es mi caso, nos atrevemos a hacerle llegar nuestro sentir, pues encontrar el correcto camino hacia Dios no es misión de uno, por encumbrado que esté su rango, sino de todos, precisamente por eso, entre otras cosas, hemos sido bautizados y después confirmados.

Jesús, ya en su nacimiento, nos empieza a señalar cuál es la senda correcta.

Él, nacido Mesías, descendiente del Rey David, hijo de Dios y hermano nuestro, no escogió como su familia a personas encumbradas: tuvo como padre a un carpintero y como madre a una joven, quizás mirada de reojo por las vecinas debido a su extraño embarazo de un hombre mayor que ella. Vino al mundo en un humilde pesebre, pero, enseguida, fue adorado por tres reyes que lo reconocieron como Rey de los judíos.

Precisamente por ese reconocimiento y las profecías, fue inmediatamente perseguido y tuvo que huir hacia países vecinos.

Llegó a la edad adulta y el espíritu que llevaba dentro de Él, hizo que se dedicase a anunciar la Buena Nueva, que no era patrimonio del Cesar sino patrimonio del alma, regalo del Señor. Por eso fue nuevamente perseguido, detenido, encarcelado, torturado y, finalmente, crucificado.

Monseñor, ¿verdad que esa puede ser la historia de cualquier Jesús nacido en cualquier batey camagüeyano?

No dudo que va a saber atender, hasta el límite de sus posibilidades, y hasta más allá, las necesidades del cuerpo de su rebaño. Ya lo ha hecho. Lo sé. Conozco, al menos, parte de sus desvelos, que le agradezco y estoy seguro van a tener su recompensa, cuando corresponda, junto al Señor.

Lo que le pido es que no olvide; que ponga en lugar preferente, las necesidades del alma, que es exclusiva propiedad de cada uno de nosotros y de Dios.

Esas necesidades hoy se traducen en cosas sencillas, pero muy importantes. Entre otras: la desaparición del miedo, la comunicación entre las personas, la reunión de las familias, el poder ir de un sitio para otro, hablar sin barreras, el fin de las persecuciones, la liberación de los presos, el gobierno de los justos.

Precisamente por ser hijos de Dios, hermanos de Jesús, nuestra voz tiene que oírse alta y clara, de forma que pueda ser escuchada y entendida no solo por los poderosos, sino también por los hijos de los carpinteros, por los hijos de las “jineteras”, por los hijos de Cuba.

Si conseguimos atender esas necesidades, seguramente será algo más fácil atender las necesidades del cuerpo.

Monseñor, no soy hombre de ir mucho a misa, al fin y al cabo creo que Dios está en todas partes y todas son buenas para hablarle, pero sí le puedo decir que rezo todos los días a la Caridad por nuestra Patria, a partir de hoy también rezaré por usted para que le ayude y acompañe en su misión y en lo que le he pedido.

Que Dios y su Divina Madre la Virgen de El Cobre le acompañen.

 

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Jose Manuel Presol

Jose Manuel Presol

Nací en la capital de “la Tierra más hermosa que ojos humanos vieran”, un 23 de septiembre de 1952. Salí un 30 de septiembre de 1967, con quince años recién cumplidos y, por el horizonte, empezaba a salir el Sol. No he regresado. Estudios superiores, medios o básicos en muchas cosas, fundamentalmente: Economía, Industria Alimentaria, Agroindustria, Finanzas y Gestión de Proyectos, Transporte, Logística. Vicioso de la lectura. Aficionado a la Historia. Miembro de Somos+. Espero volver algún día, mejor dicho: estoy seguro que volveré y que acabaré de ver salir el Sol.

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