De izquierda a derecha en un, dos, por tres

 

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Por:  Carlos Raúl Macías López

Recuerdo perfectamente bien a Leonardo Estupiñan Alcántara. Lo conocí por allá por el año 1990, cuando cargados de esperanzas y sueños, recién comenzábamos los estudios en la carrera de medicina. Leo, como le decíamos cariñosamente, provenía del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas V. I. Lenin (IPVCE), y, a decir verdad, resaltaba por su inteligencia, su elocuencia, su jovialidad, y hasta por su facilidad para las chicas. Todo el mundo quería ser amigo del famoso y distinguido Leo. Cuando llegaba a un grupo, se convertía, sin esfuerzo alguno, automáticamente en el centro. Era el típico líder natural.

No exagero si digo que era el más popular e integral de los estudiantes de la facultad. A mediados de curso comenzó el proceso de nominación, para proponer a quienes serían los futuros militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), y como era de esperarse, casi por unanimidad, fue seleccionado como secretario general de esa organización, responsabilidad que desempeñó por varios  años, fruto de los buenos resultados que cosechó como líder estudiantil.

Había que escucharlo hablar. Sabía de memoria sucesos y detalles de la historia cubana y universal. Citaba fechas, lugares, frases del comandante, y todo esto combinado magistralmente con cifras y estadísticas, haciendo gala de una memoria prodigiosa. Incluso, a la hora de analizar problemas sabía convencer y persuadir, con “espíritu crítico y autocrítico”.

Pasó el tiempo y pasó, “un águila por el mar”, y entre seminarios, conferencias, guardias y, reuniones, nos graduamos felizmente en el año 1996.

Para esa fecha, ya Leo no era aquel joven tan impetuoso y entusiasta de antaño. Ahora, con más experiencia y compromiso, y convertido además en un flamante médico de la Revolución, en poco tiempo sería asignado, tras culminar el servicio social, para el honroso cargo de director de un policlínico, pero ya como  militante del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Nuestros destinos se vieron separados momentáneamente, porque fui enviado a cumplimentar mi servicio social a una escuela en Batabanó, etapa en la que me convierto a la fe cristiana. Tras casi dos años por aquellos lares, regreso a mi municipio, para continuar estudios en la especialidad de Medicina General Integral (MGI), o como le llamábamos coloquialmente, “la especialidad de Fidel”. Y, ¿a que no adivinan quién era el director del policlínico en que me ubicaron? Pues efectivamente, nada más y nada menos que el protagonista de ésta historia: Leo.

Pensaba ingenuamente que, apelando a nuestra antigua amistad, aquel colega y yo conservaríamos la misma relación sencilla y respetuosa de la época de estudiantes, donde entre chistes, risas, visitas al Coppelia, y largas madrugadas de estudio, consolidábamos lazos de sincero afecto.

No sé a ciencia cierta qué pasó, si fue el cargo, o la carga, no lo sé, pero el compañero director ya no era la misma persona que yo había conocido. A veces, con cierta nostalgia, y sin que él se percatara, me le quedaba observando, buscando infructuosamente encontrar un rastro, aunque fuera insignificante, de alguien que ya no era. La persuasión fue sustituida por la imposición; el buen trato por la aspereza; las oportunidades por las medidas disciplinarias; la ética médica por la marcialidad de un militar.

Le dio por mandar a poner fotos de mártires y líderes políticos, sin contar los lemas en paredes y en cuanto lugar se les antojara escribir, sobre todo, pensamientos del caudillo. Inspecciones sorpresivas a los consultorios, reuniones y convocatorias a trabajos voluntarios, eran parte de nuestra cotidianidad. Si una visita desde las instancias superiores era anunciada, a correr liberales del Perico, y a maquillarlo todo, para salir lo mejor posible en la requisa, y a festejar después entre aplausos, palmaditas en el hombro y reconocimientos morales. Era todo un ambiente hollywoodense. Por supuesto, siempre había un chivo expiatorio a quien culpar si algo salía mal.

Cuando concluí mi especialidad, decidí, respondiendo a un llamado del Señor, dedicarme al ministerio pastoral. No se hicieron esperar las represalias y las medidas desmedidas. Fui llevado a un consejo disciplinario, presidido por el ejemplar jefe Leo. Él, y otros jerarcas, intentaron persuadirme a regresar, con argumentos tales como: “la revolución ha invertido mucho en ti”; “tú eres médico gracias a la revolución”; “cómo vas a cambiar tu profesión por una religión”, y otras necedades semejantes. Al ver mis comprensivos y pacíficos  oponentes que me mantenía firme en mi posición, me aplicaron un decreto administrativo en mi expediente laboral, y cerrado el asunto.

Meses después, nos enteramos que, a nuestro confiable héroe, en compensación por su brillante hoja de servicios, se le brindó la posibilidad de irse a cumplir misión médica, primero a Guatemala, y después a Venezuela, desde donde desertó en cuanto tuvo la mínima oportunidad, no teniendo en cuenta que dejaba atrás una esposa, 2 hijos, y hasta ideologías, para irse a vivir, definitivamente, a los Estados Unidos.

Por eso, recuerdo perfectamente bien a esos Leonardos…   que en un  dos por tres… ya usted sabe: se pasan de “la izquierda a la derecha”.

 

 

 

 

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Carlos Raul Macias

Carlos Raul Macias

Nací el 19 de diciembre de 1971. Me gradué como doctor en medicina en 1996 y de especialista en primer grado en Medicina General Integral en 2002. Cursé estudios en el Seminario Teológico Metodista, donde me licencié en Sagrada Teología con título de oro en 2014. Soy miembro del Movimiento Somos Más. Actualmente estoy trabajando en la propuesta cívica independiente Por Otro 18. Me desempeño como pastor de una iglesia en Jagüey Grande, provincia de Matanzas. Escribo para diferentes medios independientes, con el propósito de reflejar la realidad de mi país, y hacer propuestas objetivas.
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2 comments on “De izquierda a derecha en un, dos, por tres
  1. Amigo observando detenidamente e interpretando tu artículo o post, me siento identificado con usted amigo, mientras una sonrisa se escapa, experiencias parecidas eh vivido desde estudiante hasta la fecha, personas plagadas de doble moral extremistas que preceden un futuro ya conocido; cuando era estudiante fui analizado varias veces por pensar diferente y esto conllevó a que muchos profesores me tildaran de gusano con medidas extremas en evaluaciones cotidianas, pero cuando estas preparado no importa lo que puedan hacer porque tus conocimientos nadie te los puede arrebatar, recuerdo mientras hablaba todos se asustaban,porque decía la verdad sobre temas que eran imprescindibles y la FEU siempre hacia lo que le decía la ujc y el partido, empecé a notar la falta de autonomía en todo y aquellos estudiantes súper izquierdistas que te miraban por encima del hombro como bicho raro, la mayoría de ellos como usted dijo graduándose salieron a cumplir misión y ninguno duro mas de un mes en Venezuela, todos habían desertado y ahora se engordan las palabras de oraciones de repudio al gobierno, doble moral es poco para aquellos compañeros que te hicieron la vida un infierno, pero cuando tienes la verdad o tu razón y estas convencido nada te detiene, después de graduado siguió la doble moral, y me sentía en un nido de ratas que cuando el agua crecía todas buscaban su forma de salir, y ahí quedaba yo ahogándome con la palabra en la boca con miles de preguntas sin responder, hasta la actualidad eh aprendido algo, hablar y decir lo que piensas te puede joder, pero si no lo dices te jodes por dentro que es peor, no importa la mejor de las intenciones que tengas, porque muchas veces planteaba un problema y vías de solución, no solo era una critica sino como cambiar, pero nada sirve y te frustas como la mayoría de los jóvenes cubanos que de verdad lo sienten, no unos hipócritas que navegan en la suciedad y terminan como usted dice de izquierdistas a derechistas en un abrir y cerrar de ojos,saludos amigo.
    Pd: somos quienes flotamos sobre nuestros sueños congelados!!

  2. Carlos,

    Igual que mi padre “disfrutó” de la visión del policía batistiano que le detuvo y llevo a la 5ª estación vestido de PNR, y eso ya en 1959, incluso veremos a muchos “Leos” que, de pronto, se transformarán, inversamente, de mariposa en “gusano” y jurarán y hasta demostrarán que siempre lo han sido; y eso será pronto, el día que Cuba sea libre.

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