Oswaldo: La luz más allá de las firmas

 

Los derechos no tienen color político, ni de raza, ni cultura. Nosotros queremos que se tome posición a favor del pueblo cubano, con todos los cubanos, y eso significa apoyar el respeto a todos sus derechos

Oswaldo Payá Sardiñas

 

La historia de la Cuba después del 59 no podrá marginar jamás al Martí contemporáneo: Oswaldo Payá Sardiñas. Hombre de luz y paz. Tipo preclaro, con una mirada virgen, cristalina.

Fundador del Movimiento Cristiano Liberación en 1988 en la búsqueda del cambio nacional, sin desechar a ningún hombre, defendiendo a sus semejantes. Ideólogo del Proyecto Varela en pleno Período Especial, 1996, para “dar voz a los que no tienen voz”, para preguntarle al pueblo cubano si quería cambios, para cuestionar -dentro de las propias leyes oficiales- a la Constitución cubana, al gobierno imperante. Llegó a recoger más de 35 mil firmas de ciudadanos cubanos para la realización del ansiado referéndum popular.

Se convirtió Payá sin proponérselo en un hombre presidenciable, en esa especie de salvador de la Patria, cuyo alcance tremendo puso en peligro la continuidad de esa Revolución del siglo pasado, que dejó de hacerlo hace mucho.

Unir. Unir. Reconciliación. Diálogo. Eran palabras de orden para el coordinador del MCL. El discurso anti-odio, anti-ofensas fue su distinción, como también lo fue el tener una propuesta, ya no abstracta, sino real, palpable. Llegaba así, al cubano.

Karla María González

 

¿Qué conmemoramos? ¿Es que Payá y Cepero han muerto?

No, ellos están vivos. Están vivos cada vez que un hermano o hermana se une a la solicitud de reforma de la Ley Electoral. Cada vez que ese reclamo se entrega a un Delegado del “Poder Popular”. Cada vez que alguien recuerda que un cubano es un voto. Cada vez que otro hermano, como Cardet, recibe un golpe en su celda.

Ellos no han muerto, pues su espíritu sigue. Ellos no han muerto, porque, como buenos, por oscura que haya sido su mazmorra, supieron, como nos enseñó el Apóstol: “morir de cara al Sol”.

José Manuel Presol

 

Días hay en que el corazón y dolor se juntan, para convertir en necesidad el deseo de mirar atrás y reencontrarnos con un pasado que pretenden escamotear, y sin el cual nada somos ni seremos. Días para pensar a un hombre. Oswaldo Payá Sardiñas. Días para recordar que un joven valiente murió también a su lado. Harold Cepero. Hoy es un día para pensar en su legado, que no fue poco, sino mucho, en esos años en que creíamos “que el Apóstol SÍ iba a morir”.

Qué hubiese pasado y qué no, de no suceder lo que hace 4 años en esa hora aciaga, es algo que siempre nos preguntaremos muchos. Pero prefiero creer en un Payá vivo, y estudiar su obra.

Aunque hayan querido silenciar su voz lúcida,  lo cierto es que preservarlo vivo entre nosotros, ha sido un acto de fe y permanente ejercicio de identidad, independencia y lealtad del MCL. Algún día sus palabras llegarán a todos los cubanos, a todos.

A Payá hay que leerlo, y mucho, pero, por sobre todas las cosas, tenemos que pensarlo y sentirlo profundamente como tenemos que aprender a vivir y obrar, hoy más que nunca. Eso -estoy segura- que pensaba Oswaldo de Martí, como hoy somos muchísimos los que lo pensamos de él.

En Payá vemos un espíritu que a pesar de no estar físicamente, permanece, se hace grande. Y es eso lo que cuenta. Cuando pasen muchos años, nadie recordará a esos hombres grises que violentaron, que reprimieron, que vejaron a muchos de sus derechos, de su vida; pero Oswaldo Payá Sardiñas será recordado, admirado y respetado por esas nuevas generaciones  que renacerán en un futuro dentro de Cuba.

En las ideas y actuar consecuente de ese hombre transido de amor, que pudiendo tener, prefirió ser y echó su suerte con “los pobres de la Tierra”, están las claves y esencias, como lo están en su perenne apuesta por la virtud y en la pasión inmensa, infinita, por Cuba.

Gretther Yedra

 

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